Leí que lloró, nunca que se rió (flevisse lego, risisse numquam)

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Biología

La fecundidad, aunque harto estudiada, no deja de ser un profundo misterio. Ningún ser humano existente nació fuera del seno materno. No existe (no debería existir) el humano que no sea persona. La genial humanidad no sabe cómo replicar la gestación, aunque llegó a la Luna, inventó la bomba atómica y las matemáticas. Es tan vasto y complejo el origen de la vida como el origen del universo. Cuando la raza humana sujete entre sus manos las respuestas a alguno de esos misterios es que habrá alcanzado la gloria.

Psicología

El llanto no es debilidad. La capacidad de llorar está directamente relacionada con la profundidad con la que un alma vive la realidad. Los más grandes héroes de la historia literaria lloraron. Una persona llora cuando pierde algo querido. La comodidad suele interpretarse como ganancia, pero la vida es incomodidad. La búsqueda permanente de la comodidad previa es el deseo de regresar al origen. Su pérdida es el principal motivo del llanto humano. La felicidad es encontrar la próxima comodidad desconocida, óptima, infinita e inigualable.

Sociología

El llanto es la primera forma de comunicación del ser humano hasta que puede poner en palabras lo que quiere. Cuando las palabras no alcanzan las personas lloran: buscan atención, buscan cariño, buscan una explicación, pero no hallan respuestas. Por eso el llanto es la frontera entre lo racional y lo ilógico, el límite entre la posibilidad y lo imposible. Transitar ese valle de lágrimas es enfrentarse a lo esotérico. Las personas maduras dejan de llorar por miedo a que el sollozo abra las puertas de lo secreto e impenetrable.

Espiritual

Las lágrimas van decreciendo a medida que el alma va perdiendo la ingenuidad infantil hasta secarse en algunos casos por completo en la madurez. Con la ancianidad vuelve la sensibilidad del alma, que se sabe pronta a partir de regreso a la fuente de las lágrimas. Entonces vuelve a entristecerse por esa segunda partida. Hasta en el versículo más breve del Nuevo Testamento (Juan 11, 35) se cuenta de un Dios triste: «Y Jesús lloró».

La brevedad de ese versículo esconde un misterio infinito, como la vida del hijo de Dios en la tierra. ¿Por qué y por quién llora? En Juan lo hace por Lázaro, su amigo. Lo hace también por sus hermanas. Dios llora. Caen de él lágrimas de tristeza. Conoce el sentimiento. El Dios de la infinita alegría nos regaló la tristeza para que aprendiéramos a amar mejor. Dios conoce todos los sentimientos, la razón de ser de cada uno. El Jesús que lloró tiene que haber reído. Rió tanto que no se lo dejó por escrito porque no era una anormalidad.

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Writer. Pic of abuelo (c.1930)

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Pol

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