La carrera en gerundio de Pecando y Perdonando

Photo by Marko Horvat on Unsplash

Pecando es un humano que va avanzando a gran velocidad por la vida ofendiendo a Dios diariamente. Si las 10.000 horas logran la perfección, Pecando ya es un maestro del pecado. Tiene una meta y quiere cumplirla. No le falta voluntad, solo no tiene dirección.

Cada día un incumplimiento. Cada caída una aflicción. Cada pena un arrepentimiento. Pero queda allí guardado en un arcón del sótano contaminándolo todo. El alma necesita ir adelgazando de odio y mejorando la nutrición. El mejor alimento es el perdón de Dios.

Cuando la misericordia está por alcanzar a Pecando, él peca más para que no lo alcance Dios y limpie su alma. Adelanta a sus compañeros de ruta con destino a la perdición. No puede ver Pecando que está yendo para el lugar contrario.

Dios lo persigue de día y noche sin cesar. Le susurra en silencio que lo ama, una y otra vez. Él no se cansa de perdonar, Pecando es el que se agota de pedir perdón. La paciencia de Dios es ilimitada, la fe de Pecando es inconstante, por eso corre desesperado lejos del amor porque la suciedad en el ánimo le avergüenza.

Tan pesada es el alma de Pecando que se mueve soñolienta y aturdida. El alma pesa.

Llega raudamente la mirada misericordiosa a su lado. La ve y se conmueve, pero vuelve a pecar otra vez. Cae en un pozo depresivo espiritual: ‘No tengo salvación’ llora desconsolado. La voz de su lado le dice: ‘No hay nada imposible para mí. Entre tu pecado y la muerte y entre la muerte y el juicio hay un abismo de misericordia’.

Pecando se detiene. Ve el tendal de sus pecados. Uno tras otro. Llora. Sale corriendo más avergonzado.

Mientras Pecando sigue esta carrera alocada para alejarse del pecado pecando nota al costado del camino a miles que están desvalidos, desesperanzados y tristes. Dice que no puede hacer nada porque está persiguiendo al pecado.

Pero un bendito día se detiene. Y descubre que también en fila al lado del camino están todas las personas que ayudó y podía haber ayudado. Entiende que cada día no se vive sola para huir pecando sino para mirar para el costado y amar a los que también están pecando.

Vivir no es no cometer errores para ser perfectos. La perfección es poner todas las faltas en manos de ese Dios que camina con nosotros y salir al encuentro de los hermanos que nos necesitan, amando.

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Writer. Pic of abuelo (c.1930)

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