¡Dejen la mierda de lado! Brinden un servicio auténtico y verdadero

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Yo quiero recuperar el sueño de la eternidad, de la felicidad ardua, pero factible. Yo quiero el ciento por uno en esta vida. Pero no es que lo quiero porque es una ocurrencia mía sino porque es un deseo que han puesto en mí. Ese sueño humano que todos compartimos, pero que hemos olvidado. Yo quiero el sueño de lo imposible, de lo humanamente inalcanzable, y lo quiero para que al obtenerlo se demuestre que nunca estuvimos solos, ni que lo conseguimos por nuestro esfuerzo.

Quiero estar equivocado a los ojos humanos, quiero ser tomado por loco por creer en un amor eterno e inabarcable que nos llama a muchísimo más de lo que jamás podemos imaginar. Yo también quiero saber lo que ese amor es porque no lo conozco a pesar de querer hablar de él. Las canciones, las poesías y poemas, la naturaleza… todo nos habla de ese amor, de ese cielo que ni ojo vio ni oído oyó. Ese lugar porque el que no hay que matar sino dejarse morir, viviendo por su misión.

Aunque nos llama, una y otra vez incesantemente, ya no lo escuchamos. No podemos escuchar porque hemos perdido la capacidad de hacerlo. Tantos ruidos innecesarios nos ensordecen, tantos gritos, tantos pedidos de ayuda que ya no sabemos qué hacer.

Se nos escapan de las manos las vidas ajenas porque es imposible ayudar a tantas personas. entonces nos vamos acomodando con lo que podemos hacer. Lo que nuestras fuerzas nos permiten. Y no escuchamos la llamada que nos dice que no hay nada imposible para el que cree. Todo lo podemos en el que tiene todo el poder. Elegimos no creer más en ello, porque no tenemos evidencia de que eso sea real. Porque no es real, no es ostensible, ni evidente ni concreto. La mente cientificista y positivista nos dice que no podemos creer en aquello que no podemos medir.

Pero el corazón se rebela porque sabe que hay cosas que exceden la razón, las hubo siempre y las habrá. El miedo es el qué dirán los demás, quedando solos lejos de todos los que han comprado una nueva realidad al no escuchar la llamada tan antigua y nueva.

La verdad está tapada por toneladas de rituales vacíos, por décadas de modismos huecos y por medias verdades o mentiras que se han transmitido como verdades. También por nuevas certezas sólidas como manteca ante la luz del sol de la verdad.

Ya es agotador ver como algunos negocios sean cual sea su rubro, nacionalidad, fecha de inicio, industria, etcétera, mienten descaradamente, inventan falsedades, proponen necesidades vacías y despiden al cliente con desprecio. ¿Algunos negocios? Diría que la generalidad tiene como modelo este sistema perverso y, a esta altura de las cosas normalizado. Y ya nos hemos acostumbrado a que las cosas sean así y no podemos pensar de otra manera. Cambiar el pensamiento es idealista, incluso romántico e imposible.

Los negocios olvidaron el sueño de hacer un mundo mejor. Crearon historias mentirosas que repitieron hasta creérselas. Y las transmiten con la certeza de verdad lo que es un invento. Estamos enceguecidos.

La velocidad de extinción de los comercios es abrumadoramente superior a la de la naturaleza. Se derriten más las ideas de negocios que los glaciares en la Antártida. Porque las cosas de las personas no tienen vocación de servicio ni verdad inherentes, ¡cuando deberían! En cambio, la naturaleza es ingenua, genuina, verdadera y altruista. Se escuchan los eslóganes silenciosos de los Excels trimestrales: “Más vale llegar primero que llegar juntos. Mejor el éxito a la felicidad. Más para mí y menos para ti”.

La norma es ganar la mayor cantidad de dinero en el menor tiempo posible y las reglas del juego son: ¡vale tudo! Los sueños de los emprendedores son la ganancia cortoplacista, no el servicio longevo. Se proponen metas ambiciosas y egoístas, pero no altas y sorprendentes. Entonces, una vez succionado todo el ingreso posible a la idea, esta desparece de la historia mundanal quedando solo algunos recuerdos contables.

¿Dónde quedó la llamada para hacer cosas grandes y maravillosas, perfectas y sostenibles? Quedó en el olvido. Elegimos dejarlas como ideales inalcanzables sobrehumanos, mientras peleamos por ganar más, robando el tiempo a los demás.

Está lleno de ciborgs, híbridos entre humanos y máquinas, que brindan una asistencia deshumanizante, fría y útil. 0800, chatbots, mails predefinidos, mensajes instantáneos programados…

No tienen el corazón ni en el servicio ni en el cliente. De hecho, no tienen absolutamente para nada el corazón en lo que hacen. Negocios son negocios. De la mano de la frase hecha se desprende que todo vale. Todo vale con tal de ganar un billete más.

Lo que no comprenden esos emprendedores es que la única forma de dar y generar vida en lo cotidiano es tratar a todos por igual, sin importar quién sea que venga. No debe haber distinciones incluso cuando el Pareto demuestre una y otra vez que 20% de las personas generan 80% de las ganancias.

El marketing mató a la esencia de las relaciones. El marketing convirtió a las personas en mercaderías. En cosas intercambiable como focos de luz.

El cliente siempre tiene la razón. El primer cliente es el empleado. Las personas no son recursos sino colaboradores. La bibliografía corporativa está llena de frases, conceptos y palabras de dudoso origen e incomprensible significado.

El servicio de atención al cliente son un conjunto de herramientas que las empresas ofrecen para que el comprador y/o consumidor quede satisfecho con su compra. Los manuales enseñan que bien ejecutada tiene una relación directa con el éxito de un negocio.

Se deshumanizó el vínculo interpersonal para desarmarlo en piezas pequeñas, volver a armarlo exactamente igual, pero sin el amor fraterno debido. Sino que se crearon una serie de pasos, tan pero tan obvios que parecería increíble pensar que haya que seguirlos como a un manual. Saludar, mirar a los ojos, agradecer, concentrarse, dar valor, ser sincero, ayudar… cosas que vienen con la esencia de ser humano.

El servicio al prójimo es la principal herramienta que define la salvación de las almas. A cualquier prójimo sin distinciones.

El servicio es Dios en acción. Él es el primer servidor. En seis días se dio por completo con amor para que tengamos el lugar que tenemos. ¿Qué características tiene ese servicio? La principal es un sentido de transcendencia desmedido. Una generosidad abrumadora. Nada de lo que sucede con las genialidades del mercadeo actual.

El servicio tiene que volver a su origen, a la ayuda desinteresada y comprometida por el otro, sin esperar nada a cambio. Tiene que ponerse de moda la filantropía, entendida como amor a la humanidad. El altruismo tiene que ser el único y verdadero norte que oriente todas las acciones, no el utilitarismo o funcionalismo de las cosas.

Es tiempo de desaprender tantas barbaridades inhumanas que incorporamos como normalidad. Porque siempre se hizo así, porque no puede vivirse de un ideal. ¿Quién dijo eso? Los tibios y mediocres que no se animan a ir por más. Los cobardes que eligen quedarse con lo poco que tienen en lugar de multiplicar lo que recibieron.

Basta de mentiras acomodaticias que llevan a la tibieza. Basta del trabajo que no es vocación de servicio sino mero acomodo para cumplir objetivos mundanos y llegar a un bono anual. El éxito es necesario, pero no suficiente. Es vital apuntar hacia la felicidad que no puede ser quitada en lugar de querer conseguir 15 minutos de fama y una palmada en la espalda.

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Writer. Pic of abuelo (c.1930)

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Pol

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