Axioma 4: Nadie da lo que no tiene

Photo by Kira auf der Heide on Unsplash

Nada puede ser si antes no tiene contenido. La esencia está en el ser. Cuando se es entonces se capacita uno para tener. Poseer sin ser es vaciarse de todo y quedarse con nada. Nadie puede amar si no tiene amor, pero todos recibimos amor gratis e indefinidamente. ¿Quién es el repartidor? Para tener amor alguien tiene que entregarlo. ¿Dónde está esa fuente? Nadie la ha visto, pero algunos saben su paradero. Lo que diferencia a una vida plena de una vacía es creer o no a los que comparten la experiencia de esa surgente.

Aquel que nunca recibió amor de las personas es casi imposible que pueda creer en un amor generoso, sincero, eterno e infinito. La realidad se ve y comprende con los anteojos del alma que nos ayudan a ver al infinito. Si esos anteojos están rotos, mal calibrados, sucios o demasiado oscuros generarán miopía espiritual. Ese oscurecimiento del amor tendrá como consecuencia que difícilmente pueda darse esa persona sinceramente a los demás.

“No se puede amar lo que no se conoce, ni defender lo que no se ama”.

Las vivencias y experiencias definen lo que podemos y no hacer. Da a entender que no se puede entregar lo que no se posee, ni se puede exigir de nadie que dé más de lo que puede. ¿Qué se tiene? ¿Cuáles son las reservas vitales para compartir? ¿Qué se puede hacer? Primer paso, conocerse. Segundo, entender el origen. Tercero, descubrir la razón por la cual se vive. Para esos pasos es preciso llegar a la fuente de vida y amor. Antes de llegar algunas personas podrán indicar el camino, la elección será confiar o no.

Para dar hay que saber lo que se tiene, para esto hay que conocerse. Para llegar a saber quién es uno es preciso entender de dónde venimos, por qué existimos. Para ello hay que buscar al fabricante, conocerlo, preguntarle y descubrir las razones del vivir. Ese último destino nos presenta con una dicotomía profunda y existencial ¿le creemos o no? Si confiamos en el amor que nos da empezaremos a desandar el camino hasta saber qué tenemos y qué podemos dar.

La confianza se convierte así en una herramienta imprescindible para vivir y para saber por qué se vive. Sin esa certeza la vida puede ser un pantano incomprensible y agotador. La convicción de saber que alguien nos ama primero sin importar lo que hagamos es uno de los regalos más sublimes que hemos recibido, junto con la capacidad de hacer de cada día una sinfonía de generosidad.

Esa fe en el otro, que todas las personas tienen por default, es el primer regalo que tenemos que dar a los demás. Creer en el otro, creerle y ayudar a que en la entrega mutua de esa certidumbre ambas personas logren descifrar su sentido ultimo vital. Siempre es con el otro, desde uno y hacia los demás donde hay que dar lo que uno tiene, sin escatimar y sin miedos.

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Writer. Pic of abuelo (c.1930)

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Pol

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