Axioma 1: Todas las creaturas son buenas por naturaleza

Photo by Sarah Dorweiler on Unsplash

El mal existe antes de que el hombre existiera. El mal es una invención de las creaturas invisibles y reales, pero no de los hombres. El mal tiene una historia anterior a la Historia humana. Un comienzo con una explicación mística que se encuentra entrelazada concretamente con la realidad actual. El hombre es el que aplica el mal al mundo.

Cuenta la historia antes de la Historia que el mal nació de una rebeldía, de la desobediencia voluntaria de un ser espiritual que quería más de lo que podía tener. Posiblemente hubiera querido algo moralmente bueno de una manera distinta a la aprendida. Esa creatura original se apropió de algo ajeno, quiso adueñarse de la Verdad, y al intentarlo se volvió malo.

¿Cómo apareció en ese ser bueno, inteligente, libre, invisible y original el deseo del mal?

Como consecuencia de la libertad. Esos seres eran libres de amar a Dios como Dios quería ser amado (la felicidad total), pero ellos prefirieron no hacerlo como se les pedía sino desobedeciendo (eligiendo voluntariamente un placer momentáneo). Ellos querían ‘amarlo mejor’ sin darse cuenta de que la suma de placeres momentáneos no equivale a la felicidad total. La imposibilidad de mejorar cualitativa y cuantitativamente lo recibido los llevó a la rebelión. Gritó Lucifer: ‘¡No serviré!’ (Non serviam). ‘Es mejor reinar en el infierno que servir en el cielo’, afirmó el ángel caído Mammon en El paraíso perdido de John Milton.

¿Por qué Dios quiere ser amado como Él quiere?

Porque es Dios. No tiene ningún sentido discutir con la lógica de Dios que es perfecta. Querer interpelar a la perfección desde la falibilidad alegando algún derecho inherente por saber es lisa y llana soberbia. La humildad de amar a Dios como Él pide es sinónimo de felicidad. No existe otra manera. Regalar la libertad regalada a Dios es la máxima expresión de humildad y servicio, es suspirar al oído de la eternidad: ‘¡Serviré! Prefiero servir en la tierra que reinar en el infierno’.

¿Por qué no amarlo como cada uno quiere?

Porque el hombre no es la medida de todas las cosas. Porque, aunque lo busque, el hombre no será dios. Porque el hombre no es el que es. Porque somos imperfectos, inferiores. Porque es mejor para el hombre, su alma, el mundo y el prójimo servir que reinar.

Si no hay otra forma de ser felices ¿cómo apareció la soberbia en el primer tentador?

Apareció porque su propia libre imaginación tenía la capacidad de crear ideas y conceptos. La mente era una semilla de árbol que crecía en la inmensa planicie del jardín celestial donde jugaban los ángeles. Una mente ensimismada, reflexionaba en cómo amar más y mejor a Dios. Pensando en ella misma y en una forma distinta de amar descubrió que era capaz de más de lo que creía o sabía. Pensó que ese plus ultra venía de su propia capacidad de razonamiento y entonces lo eligió a éste por sobre Dios. Las hojas del tronco aferrado a la tierra celeste se expandieron sobre las ramas, verdes, vigorosas, llenas de energía y por primera vez en la historia hubo una sombra distinta, y un fruto nuevo, inventados por la razón en el Edén.

El sol ya no alumbraba todo, la luz no resplandecía igual en el resto del Jardín. La mente desobediente, orgullosa y autosuficiente creó, sin Dios, el exuberante follaje del árbol de la ciencia del bien y del mal con su nuevo producto dulce y tentador. Y de entre sus ramas serpenteantes apareció reptando la mente con forma de víbora. La soberbia se convertía en una sombrilla que no dejaba atravesar la luz sincera.

¿Por qué la mente tiene la capacidad de volverse contra su propio Creador?

Porque Dios dejó destellos de su gloria en cada cosa creada, que son herramientas y medios que llevan a todas las cosas hacia Dios. Esos destellos no son la luz propia, sino reflejos de una luz única, engendrada antes de todos los siglos. Una vela encendida por el intelecto o las primicias humanas si no vienen del cirio de la eternidad son una falsedad.

¿Cómo nació la primera mentira?

Cuando la creatura se creyó más que su Creador. Antes de que la mujer y el hombre aparecieran sobre la tierra, ya existía la mentira. Pero la mentira necesitó del primer hombre y de la primera mujer para hacerse real, visible y con ella lanzar la carrera del tiempo y de la muerte en el mundo.

¿Por qué el árbol de la ciencia del bien y del mal no es destruido?

Porque sus frutos son deliciosos, porque su follaje es acogedor, por la curiosidad que despierta en las personas caminar hacia él. Porque muchos de los que tienen que salvarse están cobijados aún a su sombra.

Además, Dios puso en evidencia de manera brutal (enviando a su Hijo Único al mundo) que las tinieblas no dan la felicidad. La luz brilló en las tinieblas, pero el mundo no la reconoció. El estandarte de la victoria sobre el mal en cada crucifijo es ignorado diariamente de forma deliberada.

¿Por qué las personas no pueden ver la verdad y bondad por sobre la maldad y el engaño?

Porque para lograr ver la profundidad del misterio es preciso madurar la fe, es decir, depurarla de los artefactos, decoraciones, parasoles, toldos, humo y manjares que no la dejan ser pura como en la infancia alumbrada. Crecer en la fe es desaprender y desbaratarse de todas las estructuras, moldes prefabricados y artimañas incorporadas como abrojos del mundo.

Y el hombre, al ceder a la sugerencia del tentador, se hizo secuaz y cómplice de los espíritus rebeldes.

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Writer. Pic of abuelo (c.1930)

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